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Alergia Alimentaria, “Dieta del Amor” y Lactancia Materna

En los últimos años ha aumentado dramáticamente el diagnóstico de niños nacidos con alergia alimentaria (prevalencia de 5,5% en niños en edad escolar y un 4,9% en bebés menores de un año en Chile).


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Junto con los síntomas asociados a la alergia sufren no sólo los niños sino sus cuidadores y familia.

Los principales síntomas y problemáticas que padecen los cuidadores de niños con alergia (en especial las madres) configuran lo que yo he denominado el “Síndrome Silencioso que sufre la familia de un alérgico”, que consiste en:

  1. Síntomas del ánimo: Culpa, irritabilidad y labilidad emocional.

  2. Síntomas ansiosos: Desesperación, angustia, ansiedad, pensamientos obsesivos, saturación temática, miedo a la comida, falta de sueño.

  3. Problemas relacionales y sociales: conflictos relacionales e invalidación del medio, aislamiento social, falta de redes de apoyo, reajuste económico.


Cuando un niño tiene alergia alimentaria el principal tratamiento recomendado por los médicos y expertos es que la exclusión del alimento que causa la alergia. Cuando este diagnóstico de alergia alimentaria se da a un lactante, es la madre quien debe hacer una dieta de exclusión de los alimentos alérgenos o a los que el niño hace reacción (principalmente la alergia No mediada por IgE).


Se le llama a esta dieta hipoalergénica, o “Dieta del Amor” puesto que para la madre puede ser una dieta difícil de sostener en el tiempo; los alimentos que más frecuentemente generan reacciones alérgicas en los niños (leche, soya o huevo) se encuentra en la mayoría de los alimentos procesados por lo que la dieta de exclusión de un solo alérgeno por ejemplo, el más frecuente la proteína de leche, implica una serie de cambios para la vida de la madre y su familia. La principal motivación para hacerlo es el bienestar de su hijo, lo hace “por amor”.


No obstante, no hay que olvidar que la dieta de exclusión no es una idea, un invento o exageración de la madre, es un tratamiento indicado por el médico, para un diagnóstico real, una alergia alimentaria (cabe destacar que no todas las alergias alimentarias requieren de una dieta de exclusión materna, algunos niños no reaccionan a la proteína del alimento vía leche materna).


Cuando una familia recibe el diagnóstico de alergia alimentaria de un hijo/a se debe entender que este traerá muchos cambios. De el adecuado entendimiento de la enfermedad y manejo de la dieta va a depender la evolución de la alergia del niño. Es crucial brindar desde el primer momento un acompañamiento nutricional que incluya, asesoría en lectura de etiquetado, educación respecto a contaminación cruzada, donde puede haber leche “oculta” en productos no comestibles, listas de alimentos que, SI puede consumir y dónde acceder a ellos más fácilmente, también debe indicarse suplementación de calcio (1.000 mg al día, dividido en 2 tomas) y vitamina D (800 UI/día).


Sobre todo, debe haber una validación respecto a que será un camino difícil, que va a implicar un proceso de adaptación y va a demandar esfuerzos de parte de ella y toda la familia. Ya que no solo se debe excluir aquellos alimentos que tienen las proteínas alérgenas, sino también algunos recomiendan una dieta balanceada rica en productos NO procesados. Todo esto implica una revolución en términos de hábitos alimenticios y economía del hogar, que va a requerir de una serie de aprendizajes y de nuevas formas de convivir con los alimentos.

En casos extremos de alergias alimentarias múltiples en donde los pacientes no mejoran, los doctores pueden recomendar dietas más restrictivas quitando múltiples alimentos alérgenos, pero usualmente estas dietas no se recomiendan por más de 3-4 semanas, ya que si no hay mejorías podría pensarse en otros diagnósticos asociados a la sintomatología.


Se debe anticipar que puede haber momentos en que esté la tentación de dejar de comer, que haya miedo a la comida y se quieran excluir muchos alimentos por culpa y miedo de hacerle daño a su bebé. Las madres relatan esta experiencia como entrar en un espiral de angustia y exclusión, donde pueden terminar comiendo solo un alimento por mucho tiempo. Pero es importante que la familia entera sepa que la dieta de exclusión, sobre todo dietas demasiado restrictivas, que NO son guiadas por profesionales, son riesgosas para la salud. El proceso de mejoría es lento y hay que tener paciencia.


Lo que no se puede olvidar, es que los diagnósticos de alergia alimentaria frecuentemente darse cuando los bebés son lactantes. En dicho momento toda la familia se encuentra en una etapa o ciclo vital familiar de suma vulnerabilidad bio/psio/social. La madre, sobre todo, ha vivido los últimos meses de embarazo y post parto un sin número de cambios en su cuerpo, su psiquis y su identidad. Para todas las nuevas madres el proceso de la lactancia puede ser todo un desafío, donde debe manejar sus propias inseguridades además de las expectativas y exigencias del entorno.


Cuando le sumas a ese contexto de puerperio (periodo de post parto y lactancia) un diagnóstico de alergia alimentaria con indicación de dieta de exclusión, entonces muchas veces el desafío se hace aún mayor.


Las madres con frecuencia son enjuiciadas, se las cuestiona, las familias no les creen que la leche materna sea la mejor opción y que “no vale la pena” tanto sacrificio. Entonces la madre debe lidiar con una doble tarea. Por un lado, debe hacer la dieta, restringirse de muchos alimentos que contienen aquella proteína que genera reacción en su bebe, y por otro, también debe confrontar las críticas, dudas y opiniones de quienes no le creen.


Las madres haciendo la dieta del amor también se cansan, también dudan de su sacrificio y buscan en su entono que las apoyen y les den fuerzas para seguir cuando flaquean, pero muchas veces se encuentran con un contexto que solo las alienta a dejar la lactancia y las pone en duda. Es entonces cuando muchas deciden aislarse, sintiéndose abandonadas en la cruzada, esto las deja solas vulnerables, y en riesgo.


Esto llama la atención, ya que múltiples estudios científicos avalan los múltiples beneficios de la lactancia materna para todos los bebes y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia exclusiva hasta los 6 meses, y complementariamente (con otros alimentos) ojalá hasta los 2 años o más y que cese sea paulatino en mutuo acuerdo de ambas partes. hasta por lo menos los dos años, incluso los pequeños con alergia alimentaria. Sin embargo, la duda y confrontación es la realidad de la mayoría de quienes viven esta situación.


Respecto a la lactancia, alimentación complementaria y la alergia, se ha visto que muchos niños no reaccionan al alimento consumido por la madre por la leche materna y solo hacen reacción al consumirlo directamente cuando comienzan con alimentación complementaria o cuando se les da fórmula láctea (no extensamente hidrolizada o elemental). Cada vez hay mayor evidencia de que la introducción temprana de sólidos (incluso antes de lo 6 meses ) es un factor protector para ciertas alergias alimentaria y que la dieta de exclusión tiene duración variable (Turner, 2018). Por lo tanto, hay mucho por descubrir aún en términos de qué y cuando es lo mejor para cada caso y situación particular.


La lactancia materna ayudaría a su vez al proceso de tolerancia inmunológica de los alérgenos. La madre le transmite su propia microbiota (bacterias “buenas” que ayudan al proceso de digestión de los nutrientes y proteínas, ayudando a mejorar el sistema inmune) a través de la leche materna. A su vez, la pequeña cantidad de proteínas alérgenas que de igual manera se transmiten al bebé vía leche materna, va preparando a su sistema inmune inmaduro a que vaya de a poco reconociendo la proteína como no amenazante (Brandtzaeg, 2010).


La leche materna contiene, además todos los nutrientes específicos necesarios para el adecuado desarrollo del bebé humano. El aminoácido triptófano y la hormona como la melatonina, por ejemplo, presentes en la leche materna en distintas cantidades de acuerdo con el momento del día ayudará entre otras cosas el pequeño a regular su ritmo circadiano (equilibrar ritmos de sueño y vigilia) ayudándolo a descansar cuando es necesario (Cubero, 2005).


A su vez se ha descubierto que las madres que dan pecho tienen menos hemorragias postparto, menos cáncer de mamas y de ovario, estando además protegidas contra la osteoporosis. A su vez la lactancia materna estimula la vinculación con su hijo, mejorando su propia autoestima (MINSAL, 2010).


Además de los beneficios a nivel biológico y psicológico para el bebé y la madre, es sabido que la lactancia materna refuerza el establecimiento de un vínculo afectivo de la madre y el bebé sentando las bases para el apego seguro de niño. El bebé tiene una serie de necesidades; hambre, frío, seguridad, contacto entre otras. El amamantamiento promueve la satisfacción de todas esas necesidades en un solo acto, es desde ese punto de vista sumamente eficiente (Olza, 2014).


No obstante, esto no quiere decir de ninguna manera que una familia que optó por alimentar a su bebé con fórmula no va a poder desarrollar una relación de cuidado segura con su hijo. Hoy en día la manera en que alimentamos a nuestros hijos se ha convertido motivo de debate social, lo cual hace que muchas madres vivan con culpa o presión la decisión ya sea de “tener” que amamantar a sus bebes los primeros 6 meses o de dejar de hacerlo pasados los 2 años (Olza, 2017).


Sabemos que la leche materna es lo mejor, pero la experiencia de amamantar puede ser distinta y subjetiva para cada madre, y el contexto de cada familia para decidir qué es mejor es único, y nunca debiese ser juzgado o exigido por otros